Su madre murió de cáncer. Lo que le pidió a su papá te hará llorar por días


La muerte de un ser querido es una perdida tan grande que nunca deja de doler, tan solo aprendes a vivir con ello, sin embargo, cuando en esta va una criatura de por medio,  el panorama se vuelve verdaderamente trágico y desolador.  


Emilia acababa de cumplir 29 años cuando los malestares comenzaron a surgir. Despreocupada y más por la presión de Eduardo, su esposo, que por voluntad propia, acudió al doctor para realizarse una revisión a raíz de las constantes pero ligeras molestias que sentía en su pecho, sin embargo, la expresión en la cara del médico luego de que la revisara invadió de terror a la joven mujer, quien inmediatamente supo que algo malo pasaba. Dos días después, los resultados finalmente estaban listos.

Emilia acudió a recoger los exámenes en compañía de su marido y Mía, su pequeña hija, quien apenas tenía un añito de edad. Al abrir el sobre y ver aquel diagnostico, Emilia y Eduardo quedaron helados: “Positivo” ella tenía cáncer de mama...

¿Por qué  a ella? ¿Qué pasaría ahora con su familia? ¿Por qué Dios la había castigado así? ¿Por qué?  


Emilia tomó a Mía entre sus brazos y comenzó a llorar desconsoladamente mientras Eduardo permanecia perplejo. Por más que apretaba el papel entre su puño, todo continuaba igual, aquello no era una pesadilla de la que pronto despertaría, era real, su vida había cambiado por completo.

Tras recobrar el aliento, la joven pareja se fue a casa, la lucha acababa de empezar. Durante dos largos años Emilia  luchó con todas sus fuerzas y se sometió a cuanto tratamiento le fue posible, sin embargo, pese a su esfuerzo y a que uno de sus pechos le fue removido para erradicar el cáncer, la salud de Emilia parecía empeorar. 

Debido a la falta de respuesta ante el tratamiento, Emilia tuvo que ser internada en una clínica especializada en California (Estados Unidos) en donde luego de seis meses finalmente murió. Eduardo estaba destrozado, no podía entender porqué a pesar de la manera en que se  había aferrado su esposa a la vida,  Dios se la había quitado ¿Qué pasaría con él y su hija? ¿Cómo iba a lograrlo solo? ¿Cómo le diría a la pequeña que nunca más volvería a ver a su madre? ¿Cómo explicarle que el ser a quien más amaba había muerto?


Toda la familia lloraba, mientras que los niños y personas que estaban en el lugar tan solo se agachaban o asentían con la cabeza como un gesto de solidaridad y pésame; como un acto natural ante un hecho que tras su estancía en la clínica, habían aprendido a ver ya como algo natural. 

Luego de recobrar un poco de fuerza, Eduardo se puso en cuclillas frente a Mía, quien permanecia quieta y sin entender por qué papá lloraba tanto. Con los ojos llenos de lágrimas y la voz cortada el valiente padre le explicó a su hija que su madre había muerto, sin embargo, la respuesta de la niña dejó a todos los presentes sin aliento. 

“Papi yo también quiero tener cáncer para irme al cielo con mami” fueron las inocentes palabras pronunciadas por un angelito cuyo único deseo era volver a sentir el calor de su madre... 

Al escuchar esto, Eduardo abrazo a Mía con la misma fuerza con la que Emilia la abrazó aquel día en que se entero de la terrible noticia.  Doctores y enfermeras no pudieron evitar el llanto al escuchar aquellas palabras que hasta el día de hoy retumban en los oídos de quienes estuvieron presentes en aquella habiatación… 

El cáncer es una enfermedad que no conoce de edades, razas, religión, género  o posicion económica, motivo por el cual es de suma importancia que ante el menor síntoma acudas a tu médico de confianza. Tu salud es primero, protégete. 

Al irte tú las cosas no se acaban, piensa en tu familia, ellos dependen de ti.

¡Juntos por un mundo mejor!


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