Conoce la historia de la mujer más maldita de la historia. No creerás lo que hacia con sus víctimas…


En ocasiones los traumas se instalan en la mente humana incluso antes de nacer. Tal es el caso de la asesina en serie Leonarda Cianciulli, mejor conocida como “La Jabonera de Correggio”.

Producto de una violación, nació en Montella, provincia de Avellina, al sur de Italia, el 14 de noviembre de 1893. La maldición que ella misma decía que había en su vida, muy probablemente inició desde el momento en que fue concebida en esas horribles circunstancias.



Por esa razón su mamá siempre la rechazó y nunca tuvo hacia ella ninguna demostración de afecto. El odio y el desprecio que vivió durante su infancia, por parte de su madre, hicieron que intentara suicidarse en dos ocasiones. A pesar de que sus padres ya le tenían arreglado el matrimonio con un primo, se casó con un empleado de la oficina postal y huyeron del pueblo con la maldición materna: tendría muchos hijos pero morirían muy jóvenes.



La tragedia de Leonarda continuó en Lauria, el primer lugar en que vivió con su marido, en 1921, pues fue acusada de fraude y encarcelada en 1927. Tras de ser liberada se mudaron a Lacedonia en 1930, pero un terremoto destruyó el pueblo y derrumbó su casa. Entonces se fueron a Correggio, el último sitio en que vivieron antes de ser sentenciada a prisión de por vida. 


Ya establecidos en el lugar, e incluso con el afecto de los vecinos, Leonarda y su esposo decidieron tener familia. En 17 embarazos tuvo 3 abortos involuntarios y 10 hijos murieron durante su infancia, por lo que sobreprotegió a los 4 sobrevivientes.


Cuando Giusseppe, el mayor, se enlistó en el ejército para pelear en la Segunda Guerra Mundial, la madre constantemente sufría pesadillas y en una de ellas tuvo una revelación de que debía hacer sacrificios humanos mediante rituales satánicos, para librar a sus hijos de la maldición de la abuela. Su mente perturbada empezó a planear los diabólicos asesinatos de algunas vecinas con las que llevaba buena relación, a las que engañaba vendiéndoles productos de belleza. 


Su primera víctima fue Faustina Setti, solterona a la que aseguró que le había conseguido marido en un pueblo cercano. Para evitar futuras sospechas Cianciulli le pidió que escribiera cartas a sus familiares, diciéndoles que estaba bien. Cuando Faustina fue a despedirse le ofreció una copa de vino con droga. Después de sacrificarla la descuartizó con un hacha. Echó los restos en una olla, agregó algunos materiales y los puso a hervir; luego vació la mezcla en cubos para hacer jabón.

Asimismo puso la sangre en cubetas, después de coagulada la secó en el horno y la mezcló con ingredientes para hacer galletas, las cuales tuvo el cinismo de ofrecer a sus visitas y comerlas ella misma con su marido y sus hijos. 


A Francesca Clementina Soavi, su segunda víctima, la hizo creer que le había encontrado trabajo en una escuela para niñas en el pueblo de Plasencia, y al igual que a Faustina, con anterioridad le pidió que escribiera postales para sus familiares. Cuando la tuvo en su casa, a punto de partir, la drogó con somníferos disueltos en vino y después la asesinó de la misma forma brutal, aunque esta vez con más saña, poseída por los espíritus diabólicos.


La última víctima, Virginia Cacioppo, hizo que se descubrieran sus atroces crímenes. Luego de correr la misma suerte y de que sus restos terminaran en jabones un poco más aceptables -por venir de una persona muy dulce, de acuerdo con palabras de la asesina-. Su desaparición despertó sospechas de su cuñada, quien acudió a las autoridades y éstas descubrieron que la última persona a la que visitó fue precisamente Leonarda Cianciulli. 

La mujer, probablemente ya sin cordura en su ser, con calma explicó a detalle cómo había planeado y llevado a cabo los crímenes. Esto aterró a los investigadores aún más, y dio pie a la leyenda de que en verdad había actuado poseída por el demonio. 


Leonarda fue sentenciada a treinta años de prisión y a tres años más en un hospital mental. El 15 de octubre de 1970 murió en el penal psiquiátrico para mujeres en Pozzuoli, a causa de un infarto cerebral. 



Un busto de la diabólica mujer, así como los macabros artefactos con los que ejecutó a sus víctimas y los que le sirvieron para hacer jabones y galletas, son exhibidos en el Museo Criminológico de Roma. Por si algún día quieres comprobar la historia y verlos por ti mismo.

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